BOLETIN
Nombre: Carlos Sanjinés
Vargas
Fecha: 27 de febrero de
2014
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PEQUEÑA
LUZ
Concretamente no sabía
que pensar, que esperar, mas tu llegada fue una extraña espera invadida de
dudas, siete años ya han transcurrido, como has llegado a cambiar desde que
parecías un pequeño adobe de mantequilla y llegar a ser la niña de la casa con
ojos color del cielo. Pero no todo es tan simple, ni tan vano, en estos siete
años mucho hemos andado, desde tu primer llanto, tu primera sonrisa, tus
primeros pasos, tu primera palabra, tu primera caída, tus primeros asombros y
el cambiar de tu risa. También descubrimos tus terquedades que no solamente son
heredadas, descubrir tus dones, aptitudes y saber hasta con que salsas las
combinas, correr detrás de ti no solo para abrazarte, entender que corregirte
es más que un arte.
Te vimos crecer y
aprendiendo con los días a como peinarte, yo a negociar con tus caprichos,
enseñándote muchas que cosas que tus padres, por ser padres no te han dicho,
contar las innumerables veces en la que me has echado el hechizo para llevarme
a tu mundo en tus juegos, cosa que casi olvido.
Espero siempre estar
para ti, compartir más a tu lado ayudar a mantener esa picardía y esos sueños
que desbordan de tanto vuelo huracanado, con una categoría siete como la
cantidad de los años que me has dado, pronto espero verte convertida en el
sueño que todos deseamos para ti.
MI
NIDO EN EL MUNDO
Quiero comenzar
hablando de un lugar pintoresco, muy agradable y pacífico a la vista de los que
conocen la zona, yo vivo en Pacata Baja en un rincón entre la urbe y lo
periurbano, al noreste de la ciudad de Cochabamba, en una urbanización llamada
ENTEL que es parte de un trato que tuvo la empresa con sus trabajadores, casas
lindas un parque, canchas multifuncionales, otras de pasto sintético, coliseo,
transporte público de todo tipo. Hasta acá es un toque divino en la posibilidad
media de un barrio local como cualquier otro, pero no siempre fue así y mi
sorpresa fue más grande aun cuando lo vi por primera vez hace unos 15 años
atrás.
A un principio en los
recuerdos de donde ahora vivo me invadían las dudas, ya que desde que tenía
memoria vivía de romería en romería con los traslados, aunque yo era aun un
niño, siempre me causo impacto el día en que mis papás decidieron y lograron
establecernos en nuestro primer hogar propio.
Una tonelada de aire
salió exhalada de mi boca y creo que con eso llenaba ese lugar vacío y desierto
al cual mis padres con tanto esmero nos habían traído a vivir, tan poco de
ciudad y tan lleno de monte es lo que recuerdo ahora, no había nada, ni
siquiera postes de luz, las casas eran igual tal copy/paste en una computadora,
nuevas, blancas pero vacías.
Aún no entendía que habían
visto mis papás en ese lugar, cambiaron a mis pocos amigos del vecindario por
salta montes de día y luciérnagas por las noches, los grillos me enseñaban sus
diferentes tonos y que ellos no le tenían miedo ni a la noche ni al
“ropavejero”.
El tiempo pasaba y todo
se iba a tiñendo de gris, rojo y blanco –colores de construcción- en su
mayoría, el verde, el marrón y amarillo cada vez era menos, la urbanidad había
llegado al compás de los silbidos, cantos, rechifles y gruñidos de los
albañiles y sus herramientas. Ahora tan cambiado está mi “nido”, la canchita,
el parque, tantos amigos que han venido y también muchos que se han ido. De a
poco y con más recorrido es que ahora comprendo lo que mi papás habían visto en
un lugar tan seco y vacio, una flor no es flor sin primero haber sido
semilla.
EL
ENGRANE DEL EGO
Es un hecho que en la vida hay dos opciones para ser
respetados, el del ejemplo con todos sus valores y el que nos has mostrado. Con
seguridad solo no habrías podido infundir tu discurso de marioneta, se
necesitaba para esto tener la oportunidad de lograr controlar gente en una
escala o posición menor, para así hacerle creer que todo lo que digas es
correcto y con eso tal vez levantar el ego que crees que deberías obtener.
Tal vez eres parte articulada dentro de un círculo
antiguo perpetuado por esa ambigüedad de amar lo que odiamos con tal de tener
un pedazo de un anhelo frustrado, como también puede ser la repetición de un
previo ser que te ha marcado con su ley y su mandado, creando otra versión de
lo que ese ser era.
Deben ser esas y muchas cosas más las que –y espero
nunca caer en eso- te han hecho de esa manera. De todas formas yo no quiero ser
parte articulada de ese gran círculo a mi parecer –ridículo- de apariencias
enaltecidas por un grado, títulos académicos, rango u orden mágico que vive en
el imaginario colectivo que otorga poderes místicos para hacer sentir a otras
personas que los valores que tienes son la ley.
No quiero acabar sin recordar lo previamente dicho y
que con seguridad es el camino que no voy a tomar, el de hacerme respetar por
la fuerza y sed de un ego vanaglorioso, también cabe recordar que lo que se
siembra bien se cosecha mejor y más con el ejemplo que con la imposición.
